Como cuando juegas con –o como– un niño; cantas, bailas o actúas; saltas, corres o vas en bicicleta; caminas contra el viento o hacia un orgasmo; despiertas, sueñas o duermes. Todas estas cosas buenas de la vida te van a despeinar, y tú que llevas ese peinado despeinado con orgullo, como si nadie te fuera a decir nada, esperando escuchar que te lo digan todo, de todo; para alimentar más esa pasión por ser libre.
Será cierto, que no hay mujer más sensual que la que se mira enfrente a un espejo y se quiere así como está, se siente poderosa y emana felicidad en el brillo de sus ojos. Y tú, que eres libre aunque a los demás no les guste, tienes el valor de actuar como tu conciencia te grita y sin saberlo sabes vivir, como Mafalda.
Por eso me gustas despeinada, porque las cosas buenas de la vida –como yo– te van a despeinar, te desarreglarán ese corte predeterminado que la sociedad estúpidamente exige que tengas para estar “perfecta”, como si les debieras ese placer, conspiran contra tu crecimiento en este mundo; que está lo suficientemente loco como para que no nos tengamos que aguantar nuestra propia locura, ni mucho menos la de los demás.
Pero tú no, si hasta tus pecas están impecablemente despeinadas, porque en tu pequeña locura así es como estás cómoda, y es que cuando estás cómoda es cuando más te sientes hermosa. Así ganamos los dos, en este juego de conocernos, y reconocer; que en el empate está la victoria.
No comments:
Post a Comment